VILLAFLOR, Raimundo (apodo: El Negro) (Valentín Alsina, Pcia. de Buenos Aires, Argentina, 30/3/1934 – Villa Domínico, Pcia. de Buenos Aires, Argentina, detenido el 4/8/1979, desaparecido en la ESMA, habría muerto el 7/8/1979).
Obrero metalúrgico, activista sindical durante la Resistencia Peronista, dirigente de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP).
Hijo de Aníbal Clemente Villaflor y de Josefina Gómez, con un abuelo cuarteador de Barracas y un bisabuelo que peleó en la Guerra del Paraguay, es el mayor de cuatro hermanos, seguido por Rolando Eliseo, Clotilde y Josefina, a los que les lleva, respectivamente, dos, ocho y diecisiete años. Crece en el seno de una familia obrera y peronista. Su padre había llegado a ser obrero portuario afiliado a la FORA anarquista, trabajando en distintos gremios desde los ocho años y habiendo pasado por ser aprendiz de panadero en un sindicato anarquista, donde asistiera a su primera formación política. Su madre alternaba el empleo en distintas fábricas con el de sirvienta. Durante su infancia, debido a la precaria situación económica, Raimundo y Rolando deben almorzar en un comedor estatal.
El golpe militar de 1943, que barre al caudillo conservador de Avellaneda, Alberto Barceló, encuentra al padre de la familia trabajando en Lanera Argentina, donde organiza el Sindicato de empresa bajo el contexto auspicioso que se desarrolla con la acción del coronel Juan D. Perón en la Secretaría de Trabajo y Previsión. Aníbal Villaflor será uno de los organizadores del Comité de Unidad Sindical de Avellaneda que, formado por obreros de las grandes industrias de la zona (frigoríficos, laneros, jaboneros, del vidrio y metalúrgicos), declara la huelga general desde el 16 de octubre de 1945, para desembocar en la movilización del día siguiente a Plaza de Mayo que logra la liberación de Perón. Es así que Villaflor padre llega a ser comisionado municipal del gobernador Domingo Mercante, bajo la presidencia de Perón, desde agosto de 1946. Dura 10 meses en el cargo, hasta ser exonerado por apoyar una huelga de empleados del municipio. Hasta 1955 ocuparía distintos cargos públicos menores, urgido por la necesidad económica que el empleo en el Puerto no alcanza a cubrir.
Raimundo Villaflor asiste a la Escuela Técnica Ángel Gallardo, abandonándola poco antes de recibirse. Le gustaba leer y también ir con sus hermanos a bailes en clubes como el Defensores de Belgrano, el Crámer o “Los bomberos de Echenagucía”. Con su primera esposa, Alicia Sánchez, tendría una hija, Graciela Alicia. Raimundo asumió la identidad peronista de su padre, aunque con el tiempo, terminaría en la década de 1970 en una de las organizaciones más a la izquierda del movimiento, tempranamente crítica de la conducción de Perón.
A los 14 años, ingresa como aprendiz en un taller. Dos años después pasa a la fábrica de vagones y puentes “Grúa Baseler Ltda”. Cuando ya es oficial ajustador, es designado delegado general de planta por la intervención militar del gremio que sucede al desalojo de Perón del gobierno en 1955. Estrena su cargo organizando una huelga en reclamo del pago de las quincenas atrasadas. De este modo, Raimundo Villaflor se inicia en la actividad sindical cuando emerge una nueva generación de activistas, forjada al calor de luchas y prácticas sindicales “basistas”, en un período que pasaría a integrar la cultura política obrera argentina como el de la “Resistencia Peronista”. Durante la huelga metalúrgica de noviembre-diciembre de 1956 que se extiende por 45 días y termina con millares de despedidos, con ocupaciones de plantas y detenciones de militantes, es el miembro más joven del comité de huelga de Avellaneda.
Perseguido por la policía, logra escapar cuando el resto del comité de 30 miembros es apresado. Levantado el paro, cuando vuelve a la fábrica con la intención de organizar la lucha por la liberación de los presos, es detenido y permanece en prisión durante dos semanas. Impedido desde entonces de retornar al sindicato y conseguir trabajo en su oficio, debe vivir de “changas”. Entretanto, los crecientes despidos que acompañan los planes de racionalización y aumento de la productividad en las empresas del sector coinciden con el ascenso de Augusto Timoteo Vandor a la jefatura máxima de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y con el arrasamiento de las comisiones de fábricas más combativas, proceso que se acelera luego de la derrota de la huelga metalúrgica de agosto de 1959.
En 1961 es despedido de la empresa petrolera Shell tras un conflicto gremial. Los primeros años de la década de 1960, de repliegue del movimiento de masas y consolidación del aparato vandorista, encuentran a Villaflor impulsando con sus compañeros de la Resistencia —su hermano Rolando, Francisco Granato, Juan Zalazar, Francisco Alonso— un pequeño grupo político en Avellaneda y el sur del Gran Buenos Aires, bajo el liderazgo de Domingo Blajaquis. Éste era un viejo militante que había pasado del comunismo al peronismo y buena parte de su vida en la cárcel. La oposición a la política de integración de la cúpula sindical al sistema va desencadenando en Villaflor una radicalización de sus posiciones políticas, hallando — como buena parte de su generación— una alternativa en la lucha armada.
Se vincula entonces a Acción Revolucionaria Peronista (ARP), la agrupación orientada por John W. Cooke y Alicia Eguren, incorporando los primeros elementos del marxismo a su formación política. La división de las 62 Organizaciones en enero de 1966, en el marco del enfrentamiento entre Vandor y Perón, posiciona a su grupo en las “62 de pie junto a Perón”, en las filas del movimiento sindical antiburocrático.
En el contexto en que se preparaba el golpe de Estado contra el presidente Arturo Illia, ocurren los hechos de “La Real” de Avellaneda: la noche del 13 de mayo de 1966 se produce un encuentro casual en el mismo bar entre el grupo de Villaflor y Blajaquis, y un grupo vandorista que termina en un ataque a balazos por parte de los hombres entre los que se halla el propio Vandor. Durante la balacera muere fusilado por la espalda Rosendo García, secretario general de la UOM de Avellaneda, cuya figura en ascenso habría disputado cierto poder a Vandor. Pero también mueren Blajaquis y Zalazar. El episodio de “La Real”, investigado por Rodolfo Walsh en una serie de notas aparecidas en el semanario CGT (1968-1970) y compiladas luego en el libro ¿Quién mató a Rosendo?, es utilizado para el reposicionamiento de Vandor en el conflicto con José Alonso, allanando así el camino para la “unidad” de la CGT que saludaría el advenimiento de la dictadura del Gral. J. C. Onganía.
Una campaña difamatoria orquestada determina la cesantía de Raimundo Villaflor del primer trabajo estable que había conseguido desde la huelga del ’56, como mecánico en la fábrica Conen. Propiedad del Banco Tornquinst, sus dueños serían acusados de connivencia con el aparato vandorista en los despidos de TAMET y otras empresas del grupo. En tanto, milita en la conformación de grupos peronistas al margen de las estructuras oficiales. Estando su defensa en la causa por los hechos de “La Real” a cargo del abogado Néstor Liffschitz, rechaza por sus argumentos el sobreseimiento general dictado entre septiembre y octubre de 1967. Finalmente es procesado por el juez Llobet de Bahía Blanca en febrero de 1968 como autor penalmente responsable de triple homicidio en riña, aunque la causa judicial queda estancada. En la clandestinidad realiza un viaje a Cuba. Aunque partidario de la lucha armada, no comulga con las posturas “foquistas”.
Representa a ARP en la reunión del Peronismo Revolucionario de agosto de 1968 de los sectores que comenzarían a reconocerse como la “Tendencia revolucionaria del peronismo”. Después de la captura del grupo rural de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) en Taco Ralo, Pcia. de Tucumán, producida el 19 de septiembre de 1968, viaja a Córdoba con otros miembros de ARP como Alicia Eguren y Bruno Cambareri para impulsar la integración en esa organización, cuya aparición es celebrada por activistas de la CGT de los Argentinos (CGT-A) como Villaflor, en tanto apuesta a la lucha armada desde una identidad peronista.
Con las movilizaciones de masas que desde 1969 se suceden principalmente en Córdoba, Rosario y Tucumán, y tras el fracaso de la acción armada en la localidad Taco Ralo (Provincia de Tucumán), las FAP se vuelcan a la guerrilla urbana (una de las “dos patas” de su noción guerrillera). En la nueva guerrilla peronista se habían dado cita militantes de la Resistencia como Envar El Kadri, cristianos como Gerardo Ferrari, ex-tacuaristas como Jorge Caffatti, tupamaros como Elsa Martínez, ex- trotskistas y peronistas revolucionarios como Amanda Peralta, bajo la concepción común de considerar al peronismo en su conjunto como movimiento antiimperialista, llamado a jugar un rol en los procesos de liberación de América Latina y en el camino a la Revolución Social.
Muchos de los fundadores de las FAP caen presos en Tucumán. De ahí que haya un recambio de dirección, incorporándose Villaflor desde mediados de 1970. Con el advenimiento del Gral. Alejandro A. Lanusse a la jefatura de la dictadura, se dispara al interior de las FAP una discusión que tiene a aquél como mentor de una de las dos posiciones en pugna, la de corte clasista. Ante la coyuntura abierta con el avance de las luchas de masas y la perspectiva de una salida electoral del régimen militar, Villaflor postula la construcción de una “Alternativa Independiente de la clase obrera y el pueblo peronista” (AI), entendida como herramienta política propia de los trabajadores, basada en la experiencia de lucha de la Resistencia y autónoma de “burócratas y traidores”. La opción contrapuesta es la que considera como revolucionario al conjunto del movimiento y que ve a Perón como único capaz de diseñar su estrategia. Impuesta la posición de Villaflor y Caffatti, a la par del aislamiento y creciente parálisis política que produce el proceso interno denominado de “homogeneización político-ideológica compulsiva”, entre 1971 y 1972 desde FAP se apunta a promover la coordinación de las distintas organizaciones armadas peronistas bajo un paraguas común (OAP), con miras a acercar a Montoneros y FAR a la AI, lo que se revela como crecientemente difícil, más aún con la temprana muerte de Carlos Olmedo, principal vínculo.
Desde 1973 Villaflor es uno de los principales referentes del sector de las FAP que se conoce como “Comando Nacional”. Allí se aglutinan con eje en ciuda de Buenos Aires, La Plata y Córdoba, grupos de Tucumán, el Chaco, Corrientes y Mar del Plata que reafirman la opción por la lucha armada y rechazan la idea de construir la AI “desde adentro” del movimiento peronista, línea más afín a Montoneros (que es la opción sostenida desde FAP “Regional Buenos Aires”, el sector orientado por Amanda Peralta). Ante el inminente proceso electoral que llevaría a Héctor J. Cámpora a la presidencia del país el 25/5/1973, Villaflor y su sector de las FAP mantienen una temprana distancia, oponiéndose a la candidatura de aquél en un gesto minoritario sólo compartido por otros sectores del PB, por Gustavo Rearte y Bernardo Alberte. Aun así FAP Capital sostendría el “voto crítico” al peronismo.
Poco después, grupos englobados en FAP Comando Nacional se adjudican los controvertidos “ajusticiamientos” del dirigente sindical Dirk Kloosterman de SMATA, tres días antes de la asunción del gobierno constitucional de Cámpora, y de Marcelino Mansilla del gremio de la construcción, el 17 de agosto del mismo año. Tal es el rechazo a estas “acciones” por parte del fundador de FAP, Envar El Kadri, que lanza una nueva agrupación, “FAP 17 de Octubre”.
Desde FAP Comando Nacional se promueve el Segundo Congreso Nacional del Peronismo de Base (PB), realizado en La Falda, Córdoba, los días 20 y 21 de octubre de 1973, bajo el lema “Hacia la construcción de la Organización Nacional”. Un mes antes Perón ha asumido su tercera presidencia de la república por un porcentaje inédito de votos. Se dan cita en La Falda los sectores enfrentados a la creciente derechización del proceso político, inconformes con el Pacto Social y que bregan por una alternativa clasista del peronismo, contando con la adhesión de figuras como Bernardo Alberte y Rodolfo Ortega Peña, entre otros. Desde entonces FAP se vuelca con énfasis a promover el PB a nivel nacional, cuyo desarrollo se venía dando en forma autónoma y débilmente centralizada desde 1969, fundamentalmente en barrios y fábricas de Córdoba, Tucumán, Santa Fe, Chaco, muchas veces en articulación con sectores cristianos progresistas y otras organizaciones armadas. Ahora se priorizaba su desarrollo en diversos gremios (gráficos, textiles, navales de zona norte, telefónicos, metalúrgicos).
Entre 1974 y 1975 PB aparece participando en los conflictos de Bagley, Peugeot, Propulsora, La Hidrófila, Citroën, entre otros, con una prédica obrerista y alternativista. Por entonces Raimundo Villaflor es responsable, junto a su segunda esposa Elsa Martínez (“La Gallega”, fundadora del MLN Tupamaros y de las FAP), del periódico Con Todo (2ª época), que se identifica como vocero del Peronismo de Base (PB). El distanciamiento del gobierno peronista llega hasta el punto de impulsar desde PB un acto propio en la Federación de Box, como alternativa al convocado por Perón a la Plaza de Mayo para el 1/5/1974.
A mediados de 1974 Villaflor inicia junto a Jorge Di Pasquale un proceso de conversaciones con el diputado Rodolfo Ortega Peña y con Eduardo Luis Duhalde con el objetivo de crear un agrupamiento político único, sumando a FAP-PB a otros sectores. Tal proceso quedó abortado con el asesinato de Ortega Peña a manos de la Triple A. La escalada represiva desatada desde la Triple A golpea fuertemente a grupos y regionales de FAP-PB que no tienen una infraestructura capaz de hacer frente a esa coyuntura.
Tras el golpe militar del 24 de marzo de 1976, Villaflor instala con su compañero de La Plata Enrique Ardetti un taller de reparación de electrodomésticos como cobertura a sus tareas de solidaridad con perseguidos y familiares de detenidos. En 1978, aun resistiendo la idea de irse del país, decide en una reunión con otros compañeros que quedan suspender toda actividad política y preservar las armas hasta tanto se modificara la situación. Vivía entonces en Sarandí, Avellaneda. En agosto de 1979 es capturado y trasladado al centro clandestino de detención de la ESMA. El día anterior habían detenido a su hermana menor (asesora gremial de la Federación Gráfica Bonaerense) junto a su marido José Luis Hassán y la hija de ambos (luego devuelta), en medio de una serie de otras “caídas” de miembros de FAP-PB. Villaflor había ido a visitar a sus padres cuando fue secuestrado junto a su esposa y sus dos hijas (ambas también devueltas).
Habría muerto poco después de su secuestro tras una prolongada sesión de torturas y golpizas infringidas por suboficiales de infantería de marina. Josefina Villaflor, su esposo y Elsa Martínez Barreiro, visitaron a sus familiares dos veces, hacia fines de enero de 1980, acompañados por el marino Ricardo Miguel Cavallo. Junto a otros detenidos de la ESMA fueron ocultados en una isla del Delta durante la inspección de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en el país. Luego no se supo más de ellos, permaneciendo desaparecidos. Ésta es una de las causas por las que el represor Cavallo fue juzgado en España por el juez Baltasar Garzón, pidiendo la fiscalía 17.000 años de prisión por los delitos cometidos.
Azucena Villaflor, prima de Raimundo y fundadora de Madres de Plaza de Mayo, fue otra de las víctimas que se cobró la dictadura entre “los Villaflor de Avellaneda”. Sus restos fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), tras haber sido enterrados como NN en el cementerio de General Lavalle. Sus cenizas fueron luego esparcidas en la Plaza de Mayo.
De su segundo matrimonio Raimundo Villaflor tuvo dos hijas: Elsa, criada con sus abuelos de Uruguay, y Laura, crecida con los Villaflor en Villa Domínico.
Cómo citar esta entrada: Ehrlich, Laura (2025), “Villaflor, Raimundo”, en Diccionario biográfico de las izquierdas latinoamericanas. Disponible en https://diccionario.cedinci.org.
