COMBARIZA, JOSÉ VICENTE (seudónimos: José Mar, Philopatris) (Santa Rosa de Viterbo, Boyacá, Colombia, 1899 – Bogotá, Colombia, 12/09/1967)
José Mar nació en Santa Rosa de Viterbo, un pequeño pueblo del departamento de Boyacá, al nororiente de Bogotá. Fue hijo de un abogado conservador que se encargó de infundirle un temprano apego al periodismo; desde muy niño escribía a mano los memoriales que le dictaba su padre. Alguna vez, don Leopoldo, su padre, fundó un periodiquillo editado en la imprenta del municipio y así el joven José Vicente tuvo sus primeras experiencias de escritor. En 1918, viajó a Bogotá a estudiar derecho y ciencias políticas en la facultad de Jurisprudencia del Colegio del Rosario, regentado en ese entonces por monseñor Rafael María Carrasquilla, un conspicuo pensador neo-escolástico.
En 1921, las autoridades eclesiásticas en Medellín impidieron que los estudiantes colocaran en el paraninfo de la Universidad de Antioquia un retrato del extinto fundador y director de El Espectador, periódico que había sido baluarte de la resistencia liberal a la censura de prensa. Hubo entonces una agitación estudiantil que llegó hasta los claustros bogotanos y en una asamblea de estudiantes, Combariza intervino en representación de un grupo de jóvenes conservadores con una propuesta de crear una organización estudiantil a nivel nacional. Esa propuesta llamó la atención del dirigente universitario Germán Arciniegas, quien presentó el escrito del estudiante conservador a la dirección de El Espectador (en ese entonces, dicho periódico tenía dos ediciones y dos direcciones, una en Medellín y otra en Bogotá). Temeroso, el estudiante Combariza creyó inconveniente que su documento fuera publicado por un periódico liberal en neta oposición a la entonces Hegemonía Conservadora. Entonces, Luis Cano, el director del periódico le propuso la alternativa de utilizar un seudónimo. Desde ese momento, José Vicente Combariza comenzó a ser conocido como José Mar.
El 20 julio de 1921, El Espectador presentó a José Mar como un joven escritor conservador que comenzaba a colaborar con breves semblanzas de los políticos más influyentes de la época. Ese mismo año, el joven escritor se cuestionaba su original pertenencia al conservatismo y en sucesivos editoriales fue dejando testimonio de su paso al partido liberal. A inicios de 1922, José Mar ya era miembro de ese partido y, aún más, luego de la Convención que tuvo lugar en marzo de ese mismo año fue designado secretario general del jefe del liberalismo colombiano, el general Benjamín Herrera. En esa nueva condición, el joven secretario general se unió a su amigo Luis Tejada en la fundación del diario El Sol.
El Sol nació el 21 de noviembre de 1922 financiado al inicio por el general Herrera para ser vocero de la facción liberal que estaba en contra de cualquier colaboración con el gobierno conservador del presidente Pedro Nel Ospina. José Mar fue autor de la mayoría de editoriales, mientras Tejada se encargó de los temas literarios. En uno de esos editoriales, José Mar calificó la política de cooperación de algunos dirigentes liberales con el gobierno conservador como un ardid de «financistas impacientes» y defendió las directrices emanadas de la Convención de Ibagué porque correspondían con una «política adusta y heroica» (José Mar, 1922). El pequeño y efímero periódico reunió a muchos intelectuales que serían conocidos como miembros de la generación de Los Nuevos; allí publicaron sus primeros relatos y versos Adel López Gómez y Luis Vidales; Otto de Greiff aportó algunos comentarios sobre la música contemporánea y habló de la “música futurista” de Erik Satie. Sin embargo, El Sol se apagó a comienzos de 1923 por falta de financiación y de lectores, y los jóvenes directores se vieron obligados a regresar a los grandes diarios liberales, “donde nuestra aventura –evocaba José Mar- fue mirada con amistosa y casi paternal comprensión que acaso tuvo algo de compasivo” (José Mar, 1961, p. 11).
Luego de aquella breve experiencia en El Sol, José Mar y otros miembros de su generación adhirieron al movimiento socialista. Impulsados por las ideas del inquieto Baldomero Sanín Cano quien, desde Europa, transmitía los alcances de la crisis del liberalismo europeo y el ascenso del socialismo. Mar y su amigo Tejada, en compañía de Gabriel Turbay, Luis Vidales y Moisés Prieto, entre otros, iniciaron su adhesión socialista asistiendo a las reuniones clandestinas en la casa de un ruso que había participado en la revolución de Octubre y cuyo nombre era Silvestre Sawitsky. El exótico personaje había sido enviado por el régimen soviético a comprar trigo en Pekín, pero derrochó el dinero y por temor a ser castigado en su país escapó a América; estuvo primero en Panamá y después llegó a Bogotá, donde instaló una tintorería. En esas reuniones no se propició, ni mucho menos, una sólida formación marxista de sus integrantes, pero fue para ellos el primer contacto con las tareas pioneras de organización del comunismo en Colombia. Fue en la casa de este personaje ruso donde se consolidó el Grupo Comunista de Bogotá que, en 1924, redactó y presentó ante el IV Congreso Socialista un polémico programa comunista y que, además, participó del Congreso Obrero, evento simultáneo de gran trascendencia en aquel tiempo.
Entre 1926 y 1933, José Mar colaboró silenciosamente con la sección editorial de El Espectador. En una nota del 11 de septiembre de 1933, el diario reconoce que el periodista boyacense se había afirmado como “uno de los intérpretes más fieles de la tradición moral y política” de ese periódico (El Espectador, 11/09/1933). Justo ese año, fue nombrado director encargado del periódico mientras Luis Cano, el director principal, hacía parte de la comisión colombiana negociadora del litigio fronterizo con el Perú. Desde ese momento inicia en la trayectoria de Combariza una etapa que lo ubica en la vocería de la izquierda liberal colombiana de aquellos años.
El liberalismo de izquierda fue una vertiente que consideraba que el Partido Liberal debía evolucionar en su ideario hacia el socialismo. José Mar creía que después de destruido el poder conservador, el liberalismo colombiano debía definir con claridad los dos perfiles que lo nutría: el de “impulsión” y el de “contención” (José Mar, 1934). Con la intención de consolidar la corriente de izquierda de su partido, participó de la revista Acción Liberal, fundada por Plinio Mendoza Neira y Darío Samper. Esta revista nació en 1932, era editada en sus inicios en Tunja bajo el auspicio de los liberales de izquierda del departamento de Boyacá y luego pasó a ser editada en Bogotá; tuvo varias épocas y varias interrupciones, pero alcanzó a llegar hasta comienzos de la década de 1960. En su primera época, hasta 1939, la revista fue cercana a la creación de la UNIR bajo la dirección de Jorge Eliécer Gaitán, quiso formar un frente ideológico que evitará la propagación de lo que sus directores llamaban un “liberalismo conservador”. Estuvo atenta a los postulados del partido APRA del Perú, a los avances de la revolución mexicana, a la organización del sindicalismo en Colombia. Allí, la intelectualidad del liberalismo colombiano discutió sus adhesiones o rechazos al marxismo, a las propuestas reformistas de Alfonso López Pumarejo, a los nacionalismos y populismos nacientes tanto desde la orilla liberal como de la conservadora.
José Mar fue un conspicuo exponente del liberalismo de izquierda hasta su muerte. También colaboró en El Liberal, periódico fundado para promover la segunda candidatura presidencial de Alfonso López Pumarejo; dirigió el semanario Sábado en 1948 y en medio de una tenaz censura creó en El Tiempo, entre 1951 y 1953, la columna Entrelíneas, bajo el seudónimo de Philopatris. En todos esos instantes de escritura, José Mar asumió la misión de darles altura intelectual a los debates ideológicos. Ese tipo de periodismo político desplegado por nuestro escritor era meditado y discutido en la vida asociativa de las tertulias en los cafés; en las bohemias reuniones de los cafés Windsor, Riviére y Automático, todos en Bogotá, nacieron y se discutieron columnas editoriales, críticas de arte, novedades librescas. Según un experimentado periodista de El Espectador que aprendió al lado de José Mar, era una época en la que “todavía existía el respeto a la palabra” (José Salgar, 1993). Ese amor a la palabra provenía de la generación del Centenario, a la que le han adjudicado el origen de la prensa moderna en Colombia y la intención de crear una civilidad política y cierta modernización cultural. José Mar y otros prolongaron el espíritu de moderación de los centenaristas y consideraron que los editoriales de los periódicos eran los medios de educación y persuasión de la opinión pública más eficaces, incluso más que el ejercicio de la tribuna en las plazas públicas.
Sin embargo, José Mar y otros escritores de su época descubrieron y apreciaron la eficacia de otro medio de comunicación: la radio. El 1 de julio de 1946 se escuchó en Radio Cristal por primera vez el radio-periódico “Onda Libre: los periodistas con Usted”. José Mar y otro periodista y político boyacense, Armando Solano, fundaron el periódico con el propósito aparente de apoyar la candidatura de Jorge Eliécer Gaitán frente a la de Gabriel Turbay. Dirigieron Onda Libre Eduardo Caballero Calderón y el propio José Mar, el redactor fue Jaime Soto. Entre los más asiduos colaboradores estuvieron Hernando Téllez, Felipe Lleras Camargo, Eduardo Zalamea Borda, Alejandro Vallejo; fueron sus locutores Álvaro Mutis y Hernando Vega Escobar. El atractivo de aquel radio-periódico era la posibilidad de escuchar las voces de escritores que solamente habían sido leídos durante lustros. Lo vertebral de Onda Libre era la noticia comentada muchas veces con humor. La sección editorial, cuyo título era El día político, corría a cargo de José Mar. El radio-periódico murió con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, en los fragores de la protesta de la muchedumbre. Después de la muerte del caudillo liberal, José Mar refugió su pluma en el semanario Sábado, donde se dedicó a indagar las causas de la crisis del partido liberal.
Juan Lozano y Lozano afirmó en 1943 que “Jorge Eliécer Gaitán en la tribuna y José Mar en la prensa son los verdaderos autores responsables de las tendencias revolucionarias en el país” (Juan Lozano y Lozano, 25/11/1943). Este testimonio puede hacernos creer que la actividad de José Mar se restringió al periodismo; pero él fue más allá: ocupó curules en el Senado, promovió la reforma constitucional de Alfonso López Pumarejo, presidió la dirección nacional del partido liberal. Luego de su fugaz paso por el incipiente comunismo colombiano en la década de 1920 lo veremos al inicio de la década siguiente en la dirección de la Oficina General del Trabajo, entidad creada durante la presidencia de Enrique Olaya Herrera. Desde entonces, su trayectoria se definió dentro de la izquierda del liberalismo colombiano.
Cuando en 1933 llegó a la Cámara de Representantes, abogó por la reforma total de la Constitución de 1886, aunque finalmente se impuso el pragmatismo de López Pumarejo que propuso una reforma parcial. En aquella discusión, José Mar presentó un proyecto de reforma agraria de supuesta inspiración marxista. Entre paréntesis señalar que Carlos Lleras Restrepo recordó que José Mar en aquel tiempo era “un liberal de izquierda muy imbuido por las doctrinas marxistas”, y también señaló que el proyecto agrario fue presentado por Moisés Prieto, José Mar, Diego Luis Córdoba, Jorge Uribe Márquez, Germán Arciniegas, Plinio Mendoza Neira y el mismo Lleras Restrepo (Carlos Lleras Restrepo, 1983, pp. 26, 67). Retomar que en esa propuesta, José Mar expuso las formas históricas de explotación económica de la tierra y una descripción del sistema agrario vigente hasta ese momento en el país. José Mar afirmaba también que en el campo existían varias clases sociales, entre ellas “una gran masa de trabajadores semifeudatarios” y un “pequeño proletariado agrícola sometido al régimen del salario puro”. Según él, el capital estaba representado por una minoría de grandes terratenientes semifeudales y unos pocos empresarios agrícolas de tipo capitalista (Anales de la Cámara de Representantes, 16-19/08/1933). Su proyecto vislumbraba algunas soluciones: romper el concepto de propiedad proveniente de la Constitución de 1886 y declarar que la propiedad tiene función social; destruir el latifundio por medio de la expropiación directa; incentivar la pequeña propiedad bajo el control del Estado. Como otros liberales, José Mar consideraba necesaria una justa redistribución de la tierra.
Un año después, fue designado presidente de la dirección nacional del Partido Liberal. Su designación coincidió con el ascenso del gobierno de López Pumarejo; su designación pareció ser un modo de presionar la reforma integral de la Constitución. Poco después se unió a la izquierda liberal reunida en el grupo Acción Nacional, confirmado en octubre de 1934. Entre sus miembros se destacaron: Enrique Pinzón Saavedra, Diego Montaña Cuéllar, Darío Samper, Alfonso Palacio Rudas, Eduardo Umaña Bernal, Darío Achury Valenzuela (El Espectador, Octubre y noviembre, 1934). El primer objetivo de ese grupo fue crear una editorial cooperativa para la divulgación ideológica que anunció que su primera publicación iba a ser la exposición de José Mar sobre la reforma agraria. En definitiva, su designación como presidente de la dirección nacional del liberalismo llegó en un momento en que las fuerzas políticas del país se polarizaban entre aquellos que impedían cualquier cambio estructural y quienes veían en el Partido Liberal el garante de una revolución social y política pacífica. José Mar, además, entendió su designación “como un homenaje a la generación que pertenezco”, una generación que según él le había infundido el liberalismo colombiano la energía suficiente como para intentar convertirse en “un partido esencialmente popular” (José Mar, 1934).
Tanto se comprometió con el proceso de reformas de la primera presidencia de Alfonso López Pumarejo que, cuando expiraba aquel gobierno, estimuló la candidatura de Darío Echandía, otro destacado liberal de izquierda. Según José Mar, sólo así podía garantizarse la continuación del proceso de reformas conocido en su época como La Revolución en Marcha. En un discurso de 1937, el político y escritor boyacense hizo notar que la candidatura de Echandía era mejor que la de Eduardo Santos, entonces director de El Tiempo. Por eso, durante la presidencia de Santos, José Mar denunció las pocas intenciones reformistas de ese gobierno y, en 1940, comenzó a agitar la segunda candidatura presidencial de López Pumarejo.
Sin embargo, la ilusión reformadora del segundo gobierno de López Pumarejo se esfumó muy pronto. Aunque en su segundo mandato logró una reforma laboral que institucionalizó la organización sindical y otorgó la ciudadanía a la mujer, tuvo una fuerte oposición de la Iglesia católica, los empresarios y los militares. En 1944 fue arrestado en Pasto por el ejército y fue obligado a renunciar al año siguiente, cuando aún faltaba un año para terminar su gobierno. José Mar, después del golpe de Pasto, sugirió la renuncia de López Pumarejo y la encargatura de Eduardo Santos; finalmente, el reformista liberal López Pumarejo fue reemplazado por Alberto Lleras Camargo.
Desde aquella coyuntura, José Mar estuvo más cerca de la opción populista de Jorge Eliécer Gaitán; hizo parte del bloque parlamentario que suscribió la adhesión a su candidatura contra la de Gabriel Turbay en abril de 1946 en la que consideraban a Gaitán como “el jefe de un vasto movimiento popular, que arranca de las más puras tradiciones democráticas de nuestra colectividad” (El Espectador, 11/04/1946). La cercanía de José Mar con Gaitán puede medirla el hecho de que, en la conmemoración del primer aniversario del asesinato del líder liberal, el político boyacense fue encargado por la dirección nacional del Partido Liberal de pronunciar el discurso ante una inmensa multitud reunida en el Parque Nacional de Bogotá.
Después del asesinato de Gaitán, el 9 de abril de 1948, disminuyó la actividad política de José Vicente Combariza. Estuvo dedicado principalmente a la vida diplomática. Su trayectoria en las relaciones exteriores comenzó a insinuarse con claridad desde febrero de 1945, cuando hizo parte de la Conferencia de Cancilleres reunida en México. Nuestro político y periodista hizo parte de la delegación colombiana encabezada por Alberto Lleras Camargo que participó en el evento que le dio origen a la Organización de Estados Americanos. Después, siguió colaborando ocasionalmente con las comisiones asesoras de relaciones exteriores. En 1957, recién posesionada la Junta Militar de Gobierno, fue nombrado cónsul general en Quito. En 1959 fue trasladado a Marsella (Francia). Durante el gobierno de Eduardo Santos tuvo funciones diplomáticas en República Dominicana y Haití. Poco antes de su muerte, en 1967, hizo balance de su experiencia diplomática y reflexionó sobre las características del cuerpo consular; reconoció que existía el “ocio diplomático” y que “son muy pocos los diplomáticos que realmente trabajan”. Por eso deseaba que el gobierno de Carlos Lleras Restrepo iniciara una reorganización profunda del servicio diplomático colombiano (El Tiempo, 16/04/1966).
Los últimos años de José Vicente Combariza, mejor conocido como José Mar, fueron de quebrantos de salud; sus colaboraciones periodísticas mermaron ostensiblemente. Estuvo varias semanas internado en una clínica diagnosticado de trombosis cerebral y falleció el 12 de septiembre de 1967.
Los periódicos El Espectador y El Tiempo publicaron semblanzas y notas de duelo, además de las mociones del Senado y la Cámara en que recordaban al “ilustre escritor y periodista (…) durante años subdirector de El Espectador”. Su última voluntad fue que sus restos fueran sepultados en su pueblo natal, Santa Rosa de Viterbo (El Espectador, 13/09/1967).
Obra
Publicaciones periódicas, notas y columnas en:
- El Espectador (periódico, Bogotá y Medellín, 1887-)
- El Sol (periódico, Bogotá, 1922–1923)
- Acción Liberal (revista, Tunja, Bogotá, primera época: 1932–1939, épocas posteriores con interrupciones hasta comienzos de la década de 1960)
- El Liberal (periódico, Bogotá, ca. 1930-1934)
- Sábado (periódico semanario, Bogotá, ca. 1943-1948)
- (seudónimo Philopatris), “Entrelíneas”, columna en El Tiempo, Bogotá, 1951-1953.
Radio, columnas en:
- Onda Libre (radio-periódico, Bogotá, Colombia; 1946–1948)
Cómo citar esta entrada: Loaiza Cano, Gilberto (2026), “JOSÉ MAR”, en Diccionario biográfico de las izquierdas latinoamericanas. Disponible en https://diccionario.cedinci.org.
