SPILIMBERGO, Lino Enea (Buenos Aires, Argentina, 12/8/1896 – Unquillo, Pcia. de Córdoba, Argentina, 16/3/1964).
Artista plástico argentino, “compañero de ruta” del comunismo.
Nace en el barrio porteño de Palermo en el seno de una familia de inmigrantes italianos, de Antonio Enea Spilimbergo y María Giacoboni. Cursa la escuela primaria en el Colegio Salesiano Don Bosco y en la Escuela Superior de Varones Nº 2 de Buenos Aires. Realiza sus estudios en la Academia Nacional de Bellas Artes de donde egresa en 1917 mientras se gana la vida como empleado en la Empresa Nacional de Correos y Telecomunicaciones.
A partir de 1920 —dentro todavía de lo que podemos calificar como una primera etapa de formación— envió obras al Salón Nacional de Bellas Artes donde obtuvo éxito tempranamente al recibir el Primer Premio al Grabado con sus aguafuertes Elementos de trabajo e Invierno. El grupo de óleos que envió al Salón de 1925 obtuvo el Premio Único al Mejor Conjunto.
La suma recibida le permitió iniciar su experiencia europea, una de las metas que solían fijarse artistas e intelectuales latinoamericanos de las primeras décadas del siglo XX. Desarrolló un recorrido por Italia recogiendo y tratando de capitalizar las experiencias de la pintura renacentista: su planteo sobrio, austero y sólidamente arquitectónico. Recuperó así la tradición clásica desde una mirada moderna. Ya en Paris realizó numerosas experiencias plásticas que van desde el consumo incansable de museos y exposiciones, como lo había hecho antes en Italia, hasta la concurrencia al taller de André Lothe. Este se había convertido en “la meca” para el aprendizaje de las claves del arte moderno entre los artistas latinoamericanos que viajaban a Paris. Spilimbergo tuvo allí la oportunidad de compartir el clima de exploración y búsqueda vigente en el París de entreguerras.
Regresó a la Argentina exhibiendo un nuevo lenguaje de rigurosa síntesis geométrica, en fluida combinación con una mirada humanizadora de los motivos representados. Los años ‘30 del siglo XX son para él los de la expansión de su producción y su poética, también son años en los que define un modo de presentación pública desde la militancia política, más concretamente desde la izquierda. En las obras que realiza durante esta nueva etapa —ya se trate de grabados, óleos o dibujos— se apropia de variados recursos para ponerlos al servicio de distintas problemáticas situando hábilmente en relación las técnicas elegidas con los temas a representar. La temática social asume en los óleos el orden monumental que evoca la estética del mural como en Figura (1931, MNBA). Una obra de particular significación ya que dio lugar a la convocatoria del “Homenaje a Spilimbergo” promovido por intelectuales como Cayetano Córdova Iturburu, Samuel y Manuel Eichelbaum, Oliverio Girondo y artistas —entre otros Pompeyo Audivert, Horacio Coppola, Raquel Forner, Ramón Gómez Cornet. Esta fue una de las primeras reacciones de artistas e intelectuales frente al régimen de censura instalado por los gobiernos que se sucedieron a lo largo de la década a partir del golpe del 6 de septiembre de 1930.
En el marco de una fuerte polarización ideológica signada por la tensión entre el desarrollo de lo que Carlos Ibarguren definió como “la doctrina del nacionalismo argentino” (entre cuyos principales enunciados aparecía la resistencia ante cualquier ideología foránea, entre ellas el comunismo) y las izquierdas, hacia 1933 Spilimbergo convoca, junto a Luis Falcini y Antonio Sibellino, a la creación del Sindicato de Artistas Plásticos (SAP) con el propósito de contribuir desde este espacio a promover el cambio social. La necesidad de agruparse y de generar un espacio para el resguardo de los intereses comunes, como lo venían haciendo militantes de otros sectores del campo laboral, condujo a la formación de este sindicato que convocó a los artistas —en un texto en un formato similar al de un manifiesto— “persuadidos de que la función social del artista en la sociedad es aún precaria cuando debiera ser fundamental”, por lo que agregaban más adelante: “nos proponemos realizar en común (…) obras con destino público; animar nuestra concepciones plásticas de un auténtico contenido social (…); adoptar métodos de labor por colectivos de artistas (para) lograr que se reconozca al arte como de utilidad social (…) y formar entre los artistas una conciencia solidaria”.
Volviendo a su capital expresivo, lo metafísico también formó parte de su repertorio plástico sumando otras cualidades formales a la monumentalidad figurativa, la perplejidad y el clima que rodea a la imagen planteada en La Planchadora (1936) es un buen ejemplo en este sentido. Pero el muralismo y la monumentalidad que de esta tradición procede, no es en la obra de Spilimbergo sólo una búsqueda desde el “oficio”, también es una experiencia que define su posicionamiento dentro del campo artístico desde el lugar de la promoción de proyectos de arte público y de producción colectiva.
Su experiencia iniciática fue en 1933 cuando junto al muralista mexicano David Álfaro Siqueiros —por entonces en Buenos Aires— desarrollaron el mural Ejercicio plástico en la quinta del director del diario Crítica Natalio Botana, experiencia de la que participaron además Juan Carlos Castagnino, Antonio Berni y Enrique Lázaro. El programa mural se filtra en donde encuentre cabida. Hacia 1937 y a instancias de Pablo Curatella Manes, entonces en la Embajada Argentina en Paris, Spilimbergo participa con un mural referido a las industrias artesanales decorando el Pabellón Argentino en dicha muestra. También realiza un mural sobre las producciones del campo argentino realizada en colaboración con Antonio Berni para la Exposición internacional de New York de 1939.
Años más tarde y en un intento por recrear tanto la propuesta muralista como la posibilidad de construir un colectivo de artistas, organiza junto a Juan Carlos Castagnino, Manuel Colmeiro, Antonio Berni y Demetrio Urruchúa el Taller de Arte mural que ofrecía sus servicios a instituciones y empresas constructoras con el propósito de desarrollar, dentro del umbral de posibilidades de nuestro medio, un arte público. El primer resultado de este emprendimiento fue el conjunto mural de las Galerías Pacífico (1946) del que participaron los cinco artistas. La gráfica ocupa también un lugar en la obra de Spilimbergo.
Desde sus primeros apuntes aparece la preocupación por indagar sobre las posibilidades plásticas y expresivas de cada una de las técnicas del grabado. Así, hará uso de una u otra modalidad según las necesidades expresivas del relato visual que esté proponiendo. En este sentido las aguafuertes aparecen en los años treinta habitualmente ligadas al acompañamiento/complementación de textos como por ejemplo en el caso de las ilustraciones que presentara en la revista Unidad, el órgano de la AIAPE, y del trabajo que realizara por invitación de Oliverio Girondo con el poema narrativo Interlunio en 1937 (Buenos Aires, Sur). Es con esta producción que participa de la Exposición Internacional de París de 1937 y obtiene medalla de oro.
Las monocopias, en tanto, asumen una doble intencionalidad: son piezas de arte gráfico, pero mantienen algunos rasgos de la gestualidad de la pintura, y sobre todo, persiste en ellas la noción de pieza única. Esta unicidad de la obra que provee la monocopia está explotada simbólicamente por Spilimbergo en la extensa serie sobre La breve historia de la vida de Emma, un trabajo desarrollado entre 1935 y 1937, implicado en la denuncia de la explotación de las mujeres de los sectores populares desde las redes de prostitución, un tema que asume en estos años cierta centralidad dentro del debate social en la argentina.
También la monocopia fue el vehículo para su participación en el Congreso Internacional para la Paz organizado por Diego Rivera en México en 1948. Allí la imagen enviada por Spilimbergo representaba una compleja figura bifronte entre la vida y la muerte, la debacle de la guerra y las alternativas de la paz sintetizadas en la figura desdoblada de una mujer-calavera. La actividad docente formó también parte de su vida a partir de su ingreso en 1934 en el Instituto de Artes Gráficas. Los años ‘40 lo encuentran desarrollando una notable experiencia de enseñanza que acabará con la organización y dirección del Taller de Pintura del Instituto Superior de Artes de la Universidad de Tucumán (1948). Su proyecto central fue, una vez más, desarrollar colectivos de artistas para la realización de un arte mural con sentido social.
Se jubiló en 1952, sin embargo no abandonó nunca su actividad. Murió en Unquillo, Córdoba, en 1964. Poseen obra suya museos nacionales y extranjeros así como importantes coleccionistas de arte argentino y latinoamericano.
Cómo citar esta entrada: Wechsler, Diana (2025), “Spilimbergo, Lino Enea”, en Diccionario biográfico de las izquierdas latinoamericanas. Disponible en https://diccionario.cedinci.org.